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Sobre la corrupción

Sobre la corrupción

Pr: Enrique Gonzales

 

En las ciencias sociales existe una gran variedad de temas de interés para realizar estudios, pero indudablemente el tema al que más atención se la ha dado en el transcurso de la historia, es el poder, su manejo y su alcance.

En términos sencillos, se puede entender el poder como la capacidad de ejercer control y dominio e influir en un tercero y/o grupos colectivos.

Dado este concepto es necesario reflexionar al respecto y de esta manera darnos cuenta que una persona con las capacidades descritas tiene grandes posibilidades de abusar de dichas capacidades en beneficio propio o de terceras personas cercanas a él.

Este problema es algo que quienes ejercen el poder deben tener muy en cuenta y en el campo social se conoce a los abusos de poder (y mal uso del mismo) en beneficio propio o de terceros, como corrupción.

Bajo esta perspectiva, cuando un funcionario público abusa del poder en las condiciones anteriormente descritas y haciendo uso de recursos (humanos y financieros) de los que dispone, hablamos de un acto delictivo conocido como corrupción política.

Es este tipo de corrupción la que suele preocupar más a los latinoamericanos, ya que en un afán por encontrar un culpable de las penas de sus países suelen llegar a la conclusión de que sus gobiernos serían mejores si es que los gobernantes no fueran corruptos.

Tal apreciación no está del todo correcta, ya que si realmente fuera así entonces no importaría la estructura que tengan los gobiernos, ni sus políticas económicas ni mucho menos la ideología predominante en el momento. Lo único que importaría bajo esta lógica urbana, es que los gobernantes simplemente sean personas honestas e íntegras.

Para comprender mejor el asunto hay que repasar cómo está compuesto un gobierno. Cualquier gobierno se compone de dos cosas: estructura política e ideología. La estructura política es la forma en la que se va a gobernar o dicho de otra manera, es la forma de administrar el país. Ahora bien, esta forma de administración estará orientada a su vez por una serie de ideas para alcanzar un objetivo, esto es la ideología.

Es importante reconocer entonces, que la ideología suele determinar la estructura política. Por ejemplo, un país en donde su gobierno tenga ideas socialistas va a requerir obligatoriamente una estructura en donde el Estado tenga un tamaño considerablemente grande y además exista una clara injerencia de poderes ya que para poder llevar a la práctica las ideas, es necesario un sistema administrativo que lo permita.

Claramente la injerencia de poderes es asociada con la corrupción… pero si observamos el fenómeno de la forma que la planteo, es notorio que es solo una consecuencia de la composición del gobierno.

Para este ejemplo no hablé de cómo son los gobernantes en términos éticos, es más no hablé de cómo es alguna persona en general, ya que las virtudes o defectos de la gente tienen muy poca relevancia en este asunto.

La composición de los gobiernos en cuanto a estructura e ideología debe entenderse como el recipiente y el líquido. El líquido es la ideología y el recipiente es la estructura política, de esta forma es claro que no se puede servir una sopa caliente y en vaso de cristal… Si lo que tenemos para servir es una sopa caliente ésta debe servirse en el recipiente correcto (en este caso un plato de porcelana) porque caso contrario nos sería incómodo consumirla y tendríamos problemas. Lo mismo es la ideología y la estructura política. Un gobierno de orientación socialista no encaja en una estructura democrática representativa. Para que el gobierno socialista funcione necesita una estructura democrática participativa ya que de esa manera podrá someter todo al voto popular de un pueblo comúnmente manipulado y direccionado a elegir lo que le conviene a la clase política.

Con esto trato de dejar claro que la composición de los gobiernos influye demasiado en cómo se administrará el poder y cuanto más grande sea el Estado, mayor corrupción habrá en éste. ¿Por qué? Esto se debe a que mientras más responsabilidades y tareas tenga el gobierno, mayor poder tendrá por lo tanto las probabilidades de que exista corrupción política son más grandes.

No importa la integridad del gobernante, si la composición de su gobierno es defectuosa y/o inadecuada, pasarán dos cosas: su gobierno fracasará en consecución de sus objetivos y además, tendrá más corrupción.

Un Estado reducido es para mí, el mejor remedio contra la corrupción política y una composición de gobierno en la que el Estado se limite a garantizar solamente seguridad y justicia, dejando que los individuos interactúen y comercien libremente es la composición ideal para lograr el progreso tan anhelado por nosotros los latinoamericanos. Por eso, cuando escuchen a partir de hoy a alguien comentar que el problema es la corrupción y no el sistema de gobierno, tendrán claro cuál es el verdadero problema y cuál es la solución.

 

*La opinión del autor es personal y no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia.

Modificado por última vez en Sábado, 20 Octubre 2018 19:24