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Él es el culpable.

Él es el culpable.

Por: Claudia Pers

 

Antes que nada hay que empezar a comprender la magnitud que abarca la palabra corrupción y los múltiples problemas económicos abrazados de injusticias que trae consigo. Es un obstáculo que viene arrastrando Bolivia particularmente desde hace décadas, ya que comúnmente está asociada con política, lo cual no debería ser en un país que goza de democracia y que respeta la libertad.


En el año 2016 algunas semanas antes de las elecciones del 21 de febrero se destapó uno de los casos más controversiales de corrupción para el gobierno de Evo Morales, el caso de Gabriela Zapata. Desde ese entonces se hizo notar la gravedad del asunto y estalló la impotencia en conjunto con el rechazo de la población entera.

Desde ese momento despertó más el interés de los bolivianos en protestar contra cualquier tipo de injusticia, al mismo tiempo de pedir informes de licitaciones. Los bolivianos se han vuelto más desconfiados y constantemente solicitan la apertura de un gobierno abierto para tener acceso a la información de manera más clara y directa.

A mi parecer este monstruo que se alimenta desde abajo va creciendo delante de nuestros ojos de manera callada e indefensa. Desde pagar para no hace cola, hasta "coimear" al personal de policía. La culpa es de nosotros, misma gente que sale a protestar de día y de noche quedan en "acuerdo con la autoridad policial" y es por eso mismo que nos cuesta tanto lograr un cambio, porque seguimos haciendo algo malo que a simple vista nos parece normal.


Es así como nos mal acostumbramos a pagar por el tiempo mientras que denunciar casos se vuelve imposible debido a tanta burocracia, se nos vuelve inalcanzable la utopía de vivir sin corrupción. Es por eso bolivianos que debemos nosotros dar ejemplo, con un trabajo de hormiga.

En Bolivia existe la corrupción en su día a día y se alimenta de pequeños actos que parecen nos insignificante a simple vista. Culpable yo por callar, culpable vos por mirar. Bolivia es hora de salir adelante desde abajo para poder pedir cambios al de arriba.

 

*La opinión del autor no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia.