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LA CORRUPCIÓN: ¿PROBLEMA CULTURAL?

LA CORRUPCIÓN: ¿PROBLEMA CULTURAL?

Por: Claudio Gonzáles

 

Múltiples preguntas se realizan en torno a la corrupción, la más importante de todas y que a día de hoy no tiene una respuesta certera es ¿Cómo terminar con ella? A raíz de esto surgen distintas respuestas: Muchos dicen que se acabará cuando se transforme el pensamiento de la clase política, cuando se les pague mejor a los funcionarios públicos e incluso hay quienes afirman que la corrupción es un problema cultural debido a la educación ciudadana y la falta de consciencia social, lo cual no implica una solución pero sí una razón.

Para hallar una solución a este problema lo primordial es saber qué lo origina y, a diferencia de lo que la mayoría cree, la corrupción no aparenta ser un problema social que va apareciendo gradualmente (aunque esto si hace que el problema se agrave). Lo que todo indica es que la corrupción se da simplemente por el hecho que una persona decida aprovecharse de una situación única, ya sea para favorecerse a ella misma o a otra, por lo que, mas que temas culturales, son cuestiones de contexto en el cual se encuentre la persona.

Es por esto que los casos de corrupción se dan mas que todo a nivel público, puesto que debido a la falta de fiscalización, estos se ven en “una situación única” que “deben aprovechar” para favorecerse a si mismos o a otra persona, el contexto hace que todos estos actos corruptos se den, y el problema cultural que se va dando es aceptar estos actos como un procedimiento normal, en vez de condenar estos actos e imponer sanciones.

Además de ello, está confirmado que las personas que creen firmemente en la justicia y en hacer un mundo mejor tienden a ser menos corruptos, por lo que ver que personas corruptas salir impunes de sus actos debilita esta creencia y afianza la cultura de corrupción, puesto que se va distorsionando la realidad, haciendo normal lo que no debería ser.

Pero después de todo esto volvemos a la pregunta inicial: ¿Cómo terminar con la corrupción?

Queda claro que para que no exista la impunidad en hechos de corrupción debe existir un sistema judicial fuerte, por lo que lograr esto es el primer paso en la búsqueda de un estado correcto. Y para que los escenarios fortuitos de corrupción se reduzcan debe haber mayor fiscalización del estado hacia sus funcionarios, pero dado que eso es prácticamente imposible solo queda una alternativa: La reducción del estado.

 

*La opinión del autor no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia.