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El Estado en el Social-liberalismo

El desarrollo inicial del liberalismo clásico tuvo por fundamento la protección de las libertades del individuo, las relaciones limitadas del poder hegemónico del Estado -cuya soberanía pasó a residir generalmente en la institución representativa del parlamento-, la igualdad ante la ley y en cuanto a los derechos civiles. No es baladí que los derechos de libertad e igualdad hayan sido manifestados con ímpetu en los textos constitucionales que emanaron de las revoluciones liberales de los siglos XVII y XVIII. Esa labor de ingeniería política se tradujo en Estados donde los privilegios de antaño fueron reemplazados por la igualdad de oportunidades en las interacciones de la vida social.

Ahora bien, en el siglo XX, una de las tradiciones liberales fue influida por autores considerados del liberalismo socializante o con un énfasis de comunidad, en especial John Stuart Mill. Estas perspectivas sustentaron el social-liberalismo o liberalismo igualitario, cuyo fundamento trata los principios de libertad e igualdades sociales más cercanamente. Su contexto fue la evolución del capitalismo industrial que había producido la precarización de sectores considerados como desfavorecidos del progreso. En el contexto, los obreros o proletarios; en general, los pobres.

John Rawls, el teórico socioliberal de mayor influencia, postuló una teoría de la justicia, consistente en el rol de las relaciones humanas en favor de garantizar las condiciones mínimas de igualdad para el goce de la libertad plena, en el marco de los derechos irrestrictos a la libertad de las personas. El Estado estaría encargado de un rol redistributivo, traducido en las funciones estables del Estado en materia de salud, educación, seguridad, pensiones e infraestructura pública. En Rawls, no obstante, las desigualdades socioeconómicas pueden ser funcionales en tanto el beneficio producido favorezca a los grupos más vulnerables de la sociedad, en el sentido expuesto, mediante un eficiente sistema fiscal y de asignación de recursos en dichas áreas prioritarias.

La perspectiva del liberalismo igualitario ha moldeado a sobremanera la estructura de los Estados de bienestar en Europa y en América del Norte. Ha generado en los sistemas políticos un énfasis en los programas considerados de centro: liberales demócratas o radicales, socialdemócratas y demócrata-cristianos. En vasto período, esto ha generado la despolarización política en torno a los principios fundamentales de sociedades libres y abiertas, los derechos políticos, civiles y sociales mínimos de las personas en libertad. Puestos en la mesa los desafíos por la evolución del capitalismo, en base a un rol delimitado del Estado, el social-liberalismo ha supuesto un aporte de ideas sustanciales en brindar una visión humanística y en dar respuestas efectivas y sostenibles a los problemas socioeconómicos contemporáneos.