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El poder político de las mujeres

La participación formal de la mujer boliviana en política inició con la Reforma de la Constitución Nacional del año 1945, que les garantizaba el derecho a votar, pero de una manera limitada, ya que sólo podían elegir a los gobiernos locales, las mujeres tuvieron que esperar hasta 1952 para ser electoras a nivel nacional.

El Decreto Supremo No 4315, habilitó a las mujeres para ejercer todos los cargos de elección popular, pero recién en 1961, mediante Reforma Constitucional, se reconoce el principio de ciudadanía universal, ya que quedan eliminados los requisitos de alfabetización y género para adquirir el status de ciudadano/a.

La Ley de Reforma y Complementación del Régimen Electoral de 1997 implementó las cuotas de género, pero el impacto u avance fue mínimo. En 1999 ya se comenzó a hablar de un porcentaje no menor de 30% con la Ley de Partidos Políticos. En el 2004 se logró un sistema de paridad del 50% y finalmente con la Constitución del 2009 se garantiza la participación de mujeres y hombres en el parlamento, pero también manda al Órgano Electoral Plurinacional a regular la elección interna de dirigentes y candidatos procurando garantizar la igual participación de varones y mujeres.

A pesar de este largo proceso normativo, en la búsqueda de equidad en el poder político, aún existe un alto índice de diferencia entre mujeres y hombres que ocupan los cargos ejecutivos. Bolivia solo ha tenido 2 Presidentes mujeres, contando a Jeanine Añez, ambas de manera interina. Las gobernaciones son espacios de hombres, las mujeres que han ocupado este cargo, también han interinas. Si hablamos de la participación de la mujer en los municipios, según la elección del 2015, solo el 8% de los Alcaldes en Bolivia son mujeres.

Podemos concluir diciendo que la participación de la mujer en la política se la logrado en el Órgano Legislativo, sin embargo, en el Órgano Ejecutivo es casi nula. Los partidos políticos deberían contar con estrategias de promoción de las mujeres en el área política, de esta manera podríamos hablar de una democracia real, donde las mujeres, que representan actualmente la mayor cantidad de votantes, tengan también representación en la toma de decisiones.