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"Una Mirada Liberal: Migración y Libertades" - Red Liberal de América Látina

PRÓLOGO

Por: Birgit Lamm

 

El tema de la migración es un fenómeno complejo, multi-dimensional. De momento ha vuelto a ser una prioridad en la discusión pública y política por los flujos de refugiados del Medio Oriente a Europa y la discusión de la migración indocumentada hacia EEUU en el discurso del nuevo gobierno estadounidense ¿Por qué, de repente, ha vuelto una discusión tan conflictiva?

En términos económicos la migración no es un problema. Modelos económicos demuestran claramente que la migración libre mejora la eficiencia en un mundo globalizado. En la era de la globalización el libre tránsito de las personas es una necesidad imprescindible como el libre comercio e inversiones internacionales para aumentar el bienestar mundial. La migración reduce –en términos económicos– la sobre oferta de mano de obra en los lugares de origen y contribuye a aliviar la escasez de mano de obra en los países de destino. A mediano plazo, eso permite mejor rendimiento de los beneficios de la especialización internacional y beneficia a todos - a los países de origen igual que a los países de destino. Entonces, podemos decir, mientras más fronteras abiertas mayor prosperidad para todos.

Pero a pesar de estos hechos a favor de la migración, en los países afluentes de Europa y EEUU mucha gente tiene inquietudes fuertes respecto al flujo de inmigrantes. El motivo tiene que ver con la elevada demanda por bienes públicos como servicios de salud, educación, beneficios sociales o simplemente perjuicios y mitos bien establecidos, así como preocupaciones emocionales vinculadas con temas de identidad como bién señalan los artículos sobre la situación en Alemania y EEUU. Estas inquietudes – o externalidades sociales como dicen los economistas – son sumamente arbitrarias y basadas en la evaluación personal de la gente. Resulta difícil hasta imposible medirlas. Pero estos mitos y construcciones de valores e identidades dominan el discurso político que vemos hoy en Europa y EEUU.

Queda claro que a nadie le gusta migrar y dejar atrás su familia, entorno social e incluso su lengua y cultura. Como bien señala Carlos Alberto Montaner en esta edición, la gente sale en búsqueda de oportunidades para una vida mejor. Han perdido toda la esperanza de realizar su proyecto de vida en sus países de origen. Las personas que se van son las más emprendedoras, dispuestas a tomar riesgos en breve: gente que quiere mover las cosas. Y con esta actitud van a contribuir a las economías de sus países de destino. Pero los migrantes no sólo llegan con sus esperanzas, sino también con una mochila llena de valores e ideas sobre la sociedad, la familia y el estado que no necesariamente coinciden con las normas establecidas en los países de destino. Así ponen también un reto a las sociedades anfitrionas. ¿Hasta qué punto tolerar diferencias? ¿Cuáles son los principios no negociables? Como Alexander Görlach expone, es una cuestión de identidad y de legitimidad que causa conflictos. Pero también puede enriquecer el desarrollo de una sociedad, cuando este discurso se da en un ámbito abierto.

Las razones por las que las personas migran de sus países de origen son varias. La mayoría se va por razones socio-económicas, violencia y falta de Estado de Derecho. En estos casos, esfuerzos nacionales e internacionales se necesitan para mejorar el ámbito social, económico y legal para disminuir la migración. Pero, ¿qué hacer cuando actores políticos usan la emigración como herramienta para deshacerse de grupos disidentes o ajustar fronteras y demografía por migración forzada? La cuestión de cómo lograr que dictadores, gobiernos autócratas o actores asimétricos como ISIS o grupos guerrilleros puedan respetar acuerdos internacionales y el Estado de Derecho, no ha sido un asunto sencillo, de hecho no se ha resuelto en mucho tiempo. El caso más emblemático por el momento en América Latina es Venezuela. María Teresa Romero nos da un panorama asombroso de la situación en su país en esta Mirada.

Vivimos en una era de migración. Este hecho no lo vamos a cambiar. Pero sí tenemos la responsabilidad de dar a los migrantes un trato digno y ver también posibilidades de sacar la migración de su ámbito oscuro. La manera como hoy se lleva a cabo una gran parte de la migración conlleva demasiadas barreras administrativas, lo que da pie a que actores semi o completamente ilegales se aprovechen de la situación, como explica Elena Toledo en el caso de Honduras. La migración no es ilegal en sí misma, tampoco lo son los migrantes. Pero la falta de procesos transparentes y corredores seguros para la migración les obliga a muchos migrantes a usar las estructuras del crimen organizado y hacerse de esta manera involuntariamente parte del mismo. Están sujetos a muchas formas de abuso en su recorrido peligroso hacia los países de destino. Se juegan la vida en el camino, muchas veces al precio de endeudarse o a sus familias. Un pasaje indocumentado de Centroamérica hacia EEUU valía 6.000 USD en 2016. Después de los anuncios de Donald Trump sobre la construcción del muro se duplicó. Las barreras no van a impedir la migración, sólo van a aumentar el riesgo de los migrantes y aumentar las ganancias de los coyotes e funcionarios corruptos en el camino.

 

*Extracto de la introducción original del libro. La opinión del autor es personal y no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democraci

 

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