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La Defensa Colectiva de la Democracia Representativa, por Rubén M. Perina Ph.D

INTRODUCCIÓN

 

Esta presentación se enfoca en los esfuerzos colectivos que han hecho los países del hemisferio en defensa y restauración de la democracia a través de la OEA, el principal foro político/diplomático inter-americano, aunque no el único, que los países han utilizado para proteger la democracia cuando es amenazada y para restaurarla cuando ha sido desmantelada y sustituida por una dictadura.

La promoción y defensa de la democracia, hoy día, son propósitos, valores y prácticas supremas, consagradas en la Carta constitutiva de la OEA, modificada en 1984, y en su Carta Democrática Inter-Americana (CADIA) de 2001.

La Carta Democrática, por ejemplo, postula que “los pueblos de las Américas tienen derecho a la democracia y sus gobiernos tienen la obligación de promoverla y defenderla.” Aquí propuesto como el principio pro-democracia.

El compromiso político inter-americano con la defensa colectiva de la democracia, comienza a partir de la década de los 80, cuando la democracia representativa vuelve a América Latina, y se consolida en la mayoría de los Estados de la región. Ese compromiso institucional a favor de la democracia, desafía la histórica supremacía del principio de la No-intervención en el sistema inter-americano. De hecho, la obsesión latinoamericana con ese principio, ha obstaculizado histórica y constantemente, el avance en la defensa y promoción de la democracia.

Sin embargo, como veremos más adelante, en los casos de Venezuela y Nicaragua, es cada vez más notorio el cuestionamiento a la utilización del principio de la No-Intervención, para ocultar brutales e indignantes realidades, resultantes del abuso de poder y la tiranía. Este paso trascendental, en defensa de la democracia, por parte de la mayoría de los Estados miembros, responde a la creciente vigencia, de un nuevo paradigma en las relaciones inter-americanas -- paradigma que privilegia la No-indiferencia o sea, el involucramiento solidario y responsable ante la ruptura del orden democrático y la violación de los derechos humanos. Tales transgresiones constituyen además una amenaza a la seguridad y la paz regional, y no pueden ser ignoradas por la comunidad inter-americana.

Y ello NO significa intervencionismo, ni intromisión indebida o ilegítima en los asuntos internos de un Estados Miembros; tampoco violenta su soberanía, particularmente cuando el involucramiento es colectivo y en el marco de mandatos y de principios y valores ya acordados voluntariamente por todos y plasmados en la Carta de la OEA o en su Carta Democrática.

 

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*Extracto del prólogo original del libro. La opinión del autor es personal y no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia

Modificado por última vez en Viernes, 18 Enero 2019 21:17