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Democracias tuteladas

Democracias tuteladas

 

Por: Ilya Fortún

Lo que está pasando en Venezuela ha desatado nuevamente una intensa discusión sobre los límites de la democracia. ¿Es aquello una expresión avanzada de democracia participativa? ¿Se trata de un régimen democrático con tintes autoritarios? ¿O es lo de Maduro ya una pinche dictadura con todas sus letras?

 

 Por si acaso, la intensidad de la discusión no implica que los bolivianos estemos interesados y angustiados per se, en la actualidad política venezolana; lo que pasa es que el que tiene dos dedos de frente sabe que lo que pasa en Venezuela es un avance de la película que nos tocará protagonizar a los bolivianos.

 

 O sea que cuando hablamos de represión, presos políticos, censura, manipulación de la justicia o desconocimiento de la institucionalidad, no solamente nos estamos compadeciendo e indignando por los amigos venezolanos, sino que estamos debatiendo sobre nuestro propio presente y futuro inmediato. Todas estas cosas ya las hemos visto en casa, en mayor o menor magnitud: caras conocidas, podríamos decir.

 

 Pero volviendo al tema de la revolución bolivariana en Venezuela, no se puede evitar hacer diferencias entre Chávez y Maduro. El difunto comandante, aún con su pasado golpista a cuestas, supo administrar con mucha habilidad la delgada línea entre el carácter revolucionario de su gobierno y la legitimidad democrática.

 

 Hugo Chávez tenía una cintura política infinitamente superior a la de su forzado delfín; aquello le permitió sostener una base de apoyo muy fuerte, además de no haber tenido que sufrir las consecuencias económicas de la caída del precio de petróleo. Ojo, no quiero decir con esto que la gestión económica de Chávez haya sido buena; fue un desastre monumental, pero la chorrera de petrodólares evitó que se advirtiera la magnitud del daño.

 

 Maduro (el conductor de buses) perdió gran parte del apoyo popular heredado y no supo enfrentar ni por asomo las nuevas y adversas condiciones económicas; en su gobierno se rompió definitivamente el pacto social y se consolidaron dos factores que hoy definen el régimen: Cuba y los militares.

 

 Para los cubanos, hoy asediados por un presidente norteamericano que canceló los acercamientos realizados por Obama, Venezuela es una cuestión de vida o muerte. Están metidos hasta el tuétano y para ellos la apuesta es todo por el todo.

 

 Los militares venezolanos son los únicos que pueden darle una salida a la crisis, pero la cosa no es fácil en la medida en que no solamente son el principal sostén del régimen, sino que participan activamente en espacios de poder clave y sobre todo en negocios multimillonarios.

 

 Si a esto le sumamos la matanza de civiles opositores perpetrada por Maduro durante las últimas semanas y la mañosa Constituyente forzada a como dé lugar el domingo , queda claro que Venezuela ha transgredido todas las líneas democráticas y se ha develado como una dictadura, sin matiz alguno.

 

 ¿Cómo se puede interpretar entonces el apoyo irrestricto del gobierno de Morales a la dictadura Venezolana? ¿Están simplemente pagando las facturas de tantos favores recibidos? ¿O es que Morales comparte la misma visión y está entonces dispuesto a hacer los mismo acá, si las circunstancias lo demandan? ¿El gobierno de Evo está también sujeto al poder militar y a la penetración de intereses extranjeros?

 

 Hay veces en los que la condición democrática no está determinada por la legitimidad del voto, por la garantía de los derechos o por el funcionamiento de la institucionalidad, sino por la preeminencia de factores no democráticos subyacentes y definitivos.

 

 Esas son las preguntas que deberíamos hacernos hoy los bolivianos.