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La justicia, a punta de parches

La justicia, a punta de parches

Por: Maggy Talavera

El año pasado, el propio procurador de Bolivia había reconocido que, a seis años de la elección de jueces por voto popular, poco o nada había cambiado la administración de justicia. La falta de independencia frente a otros poderes, la corrupción, la retardación y las dificultades de acceso a la justicia continuaban manchándola. El único cambio visible era el del viejo cuoteo político por el nuevo cuoteo social, siempre según el procurador. O sea, ya en 2016 era irrebatible el diagnóstico, incluso desde el oficialismo, que impuso el modelo: el remedio no frenó la enfermedad, sino todo lo contrario.

La pregunta ahora es: ¿por qué insistir en nuevas elecciones judiciales, si está a la vista que estas empeoraron el mal estado de la justicia?, ¿qué es lo que pretenden oficialistas y opositores al persistir en el modelo impuesto en 2011, aun viendo el fracaso rotundo en esta segunda convocatoria para seleccionar a candidatos que pretenden disputar un lugar en la administración de justicia? Es difícil encontrar una respuesta razonable a la tozudez de políticos que persisten en llevar adelante un proceso que hace aguas por todas partes. Más aún ante los estragos que provoca a diario una administración enferma, nada menos que en el poder en el que descansan las más importantes garantías ciudadanas.

Hay que recordar, además, que esa tozudez no solo impide la curación de la enferma, sino que representa también un gasto económico innecesario, como el visto en las famosas precumbres judiciales y, luego, en el propio desarrollo del proceso eleccionario. Una plata que podría ser mejor utilizada en un tratamiento menos costoso y más efectivo para la recuperación de la justicia, que incluye como primer medicamento la independencia de poderes. Justo esa independencia que el vicepresidente estuvo reclamándole hace poco a la justicia chilena, a la que acusó de estar subordinada al Gobierno chileno en el momento de sentenciar a nueve bolivianos (¿no les dio ganas de decir “¡mirá vos!”?).

Sin una sincera voluntad política de respetar a la justicia como un poder independiente, de parte de este y de cualquier otro gobierno de turno, no habrá fórmula mágica capaz de reanimar a la enferma. De nada sirve una elección de jueces por voto popular si el poder político de turno amaña y controla la preselección de candidatos, cambia las reglas del juego y, por último, aprueba medidas previas y posteriores que congelan cualquier acción renovadora por parte de los elegidos.