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En vano incorporamos poncho y pollera

En vano incorporamos poncho y pollera

POR: William Herrera

Abogado

 

Mientras intervenga la Asamblea Legislativa Plurinacional en el proceso eleccionario judicial, no se podrá tener un Órgano Judicial independiente, imparcial, fortalecido y blindado a las influencias internas y externas, capaz de garantizar los valores democráticos, los derechos fundamentales, la tutela judicial efectiva, la seguridad jurídica, etc. 

La incorporación de las elecciones judiciales ha supuesto un retroceso histórico o, si se quiere, el remedio ha resultado peor que la enfermedad. Esta modalidad ha echado por la borda la meritocracia y la cualificación del Órgano Judicial, que son las condiciones básicas para tener un sistema de justicia independiente, eficiente, moderna, predecible y transparente.

Y como en 10 años no se han resuelto los problemas estructurales del Órgano Judicial, menos esperanzas existen ahora cuando el Gobierno se juega su continuidad en el ejercicio del poder. El partido oficialista quiere autoridades judiciales funcionales a sus intereses políticos, no solo que le garanticen las sucesivas reelecciones del presidente Evo Morales y del vicepresidente Álvaro García Linera, sino también que se opongan a las acciones que interpongan los opositores.

Y cuando algún elegido se resista a seguir las instrucciones del Gobierno, le puede caer la ‘guillotina judicial’, como ocurrió con el magistrado Gualberto Cusi Mamani y conlas magistradas Soraida Rosario Chánez Chire y Ligia Mónica Velásquez Castaños, quienes denunciaron algunas irregularidades en el interior del Tribunal Constitucional Plurinacional o fueron disidentes en acciones constitucionales que eran de interés del Órgano Ejecutivo. 

La angurria por mantenerse en el poder echará por la borda cualquier maquillaje legal, así como la participación de la universidad pública. El MAS no tendrá reparo alguno en repetir -una vez más- las viejas prácticas que tanto criticó, esto es, la aplanadora funcionará a la perfección cuando se tenga que preseleccionar a los candidatos. 
La alta politización de las elecciones judiciales no solo afectará la legitimidad y credibilidad de los elegidos, sino también será determinante para la independencia del Órgano judicial en su conjunto. En este proceso electoral tampoco se podrá hacer campaña ni confrontar ideas, que son condiciones básicas de todo proceso eleccionario. Esta prohibición absoluta busca nada menos que ‘garantizar’ una ‘elección sin campaña o propaganda electoral’ y así poder elegir ‘autoridades independientes e imparciales, sin injerencia política partidaria, económica o de otra índole’. Sin embargo, el único que volverá a poner toda la maquinaria del Gobierno (como lo hizo en la primera elección) será el propio presidente del Estado Plurinacional, Evo Morales, y profetizará el triunfo de sus candidatas y candidatos.

Con el fin de recuperar la legitimidad y credibilidad del Órgano Judicial y la calidad del Estado Constitucional de Derecho, comparto la idea de Henry Oporto, de que los dirigentes políticos deben forjar un gran acuerdo nacional para salvar la justicia. Tal como ocurrió en su momento con la ex Corte Nacional Electoral, cuando los dirigentes políticos de entonces decidieron entregar el Órgano Electoral a cinco ciudadanos notables elegidos por consenso y se sometieron a sus decisiones y así se devolvió la confianza al ciudadano.

En realidad, si se quiere salvar al Órgano Judicial, a los notables se les debería encargar una verdadera reingeniería institucional, de modo que se puedan identificar los problemas estructurales, proponer soluciones y, lo más relevante, que los dirigentes políticos y el Gobierno después honren las sugerencias y propuestas que puedan hacer los expertos.

Al margen de la designación de las principales autoridades judiciales, habrá que buscar cómo revertir la pérdida de confianza y credibilidad, la falta de oralidad en todos los procesos, la falta de recursos económicos, y sobre todo cambiar los viejos paradigmas judiciales. Todos estos problemas deben abordarse por este grupo de notables (el nombre es lo de menos) para comenzar un verdadero proceso de cambio y tener a mediano plazo un sistema judicial independiente, fortalecido, confiable e imparcial. 

En cualquier caso, la profundidad de la crisis no está para repetir errores y nunca sería más oportuno recordar lo que dijo el presidente Evo Morales: “En vano incorporamos poncho y pollera en la justicia”; por tanto, se tiene que dar un fuerte golpe de timón, o terminaremos dando un salto al vacío.