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Con Hillary Clinton por Susana Seleme Antelo

Susana Seleme

Susana Seleme Antelo

Santa Cruz de la Sierra, El Deber, 30/10/16

Me destempla el ánimo cuando leo los varapalos,  a veces sutiles y otros de frente contra Hillary Clinton, candidata demócrata de Estados Unidos de Norteamérica.  Los asumo, claro, como parte de la diversidad y las distintas visiones del mundo que conviven en democracia. Pero me agrede las neuronas porque mi conciencia democrática, sí puede ponderar las diferencias entre ella y su adversario,  entre demócratas y republicanos.

 

Me lastima la piel de mujer que habito, cuando leo frases como “no me gusta Hillary, pero tampoco me gusta Donald Trump”. Y no se esfuerzan por hacer una mínima distinción entre la demócrata Hillary Clinton, a favor de los derechos humanos, sociales y civiles, frente Trump y su letanía ideológica de derecha recalcitrante, autoritaria y xenófoba, emparentada con Putin y Erdogan, al otro lado del Atlántico, que deja malparados a algunos republicanos de su país.  

Tampoco leen lo que dice y cómo lo dice Hillary Clinton, de manera solvente, sin estridencias, con realismo, conocimiento y experiencia sobre los escenarios en los que  tendría que librar las batallas políticas que le esperarían, interna y externamente.  En cambio Trump hace gala de la hegemonía de hombre blanco,  racista sin atisbos de redención, machista a rajatabla, misógino que, si no odia a las mujeres, sí las considera mercanc’ s muisaa smijrres' ' su machona erica cionía, barata o cara,  que luego desecha. Arrogante, autoritario, insultante con los latinos, atrevido y pendenciero con su adversaria.

Sí! Me lastiman la piel de mujer que hábito los ataques a Hillary Clinton,   sobre todo si provienen de mujeres que no han roto el molde patriarcal de supremacía masculina.  Puedo concluir, por supuesto, que la sociedad norteamericana, como la nuestra y otras,  tampoco ha roto esas barreras que siempre ponen cortapisas a las mujeres, sin más razón que la de ser mujer. Dudan de nuestra capacidad e inteligencia.

 Que si Hillary Clinton se viste de tal manera. Que si se peina de otra. Que no es femenina y tampoco carismática. Que su discurso decepciona. Que tiene pasado político –quién no lo tiene- alguno destapado a las malas por espías nada santos, amiguetes de Trump. O que ella y su contrincante son dos malas opciones para los electores norteamericanos, oriundos o no. ¿En qué decepciona ella? ¿O es que esperaban un discurso antisistema, como el de Bernie Sanders, que gustaba tanto y a tantos en Estados Unidos y también fuera? Hillary es cauta porque  sabe que el mundo global ya no es lo que era antes por las cada vez mayores complejidades políticas, económicas, migratorias, terroristas, climáticas, de exclusión y desigualdades  sociales.

Lamentablemente, casi todos los medios la han puesto al mismo nivel que el republicano, tan mediático, tan oxigenado, tan primitivo, tan largo de manos y lengua,  tan corto de ideas, que expresa su desprecio por las mujeres de la manera  más soez y vulgar. En mi criterio lastima la dignidad del género femenino y también del genero humano.

Que una mujer de la experiencia y el conocimiento de Hillary Clinton pueda acceder a la presidencia Estados Unidos de Norteamérica, sería un salto cualitativo. Lo  sería más allá de sus grises, como toda humana y las  cosas de este mundo, permisivo con los hombres, pero ferozmente crítico con las mujeres. Y un mundo tan dispuesto al olvido, olvida las huellas femeninas en la historia y  los derechos de las mujeres a ser ellas mismas.

Hillary Clinton presidente sería un salto cualitativo, tan importante como que Barack Obama, afrodescendiente y demócrata también, lo hubiera logrado, a pesar de las trabas sin concesiones que los republicanos pusieron a sus reformas. No obstante, se trata de hechos sociopolíticos y culturales que hacen al desarrollo de la conciencia de la humanidad,   y de ese país,  donde apenas hace 50 años imperaba un racismo brutal. Hoy el patriarcado, supremacía del hombre sobre las mujeres, y la misoginia, aversión hacia ellas, se revisten de atroz machismo.

El tono de esta campaña electoral lo definieron  Trump y algunos  medios de prensa,  que  quizás no percibieron cómo promovían los rasgos de la sociedad patriarcal,  ya idealizando a las mujeres por sus atributos de belleza, o despachurrándolas por cualquier motivo.

Yo apoyo a Hillary Clinton, aunque no voto allí.    

Modificado por última vez en Martes, 20 Diciembre 2016 22:14