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¡LA LIBERTAD SE NOS MUERE!

¡LA LIBERTAD SE NOS MUERE!

 Por: José Hugo Antelo

 

Al hacer un breve análisis de las sociedades occidentales he llegado a hipótesis que bien puede llegar a ser chocante para algunos y para otros puede ser incluso una suerte de paranoia de mi parte. Lo que yo vengo a plantear aqui en el presente artículo es mi profunda preocupacion por la libertad. ¡LA LIBERTAD SE NOS MUERE!

Se nos muere porque estamos aniquilando una parte fundamental de la libertad de expresión que es la posibilidad de la ofensa. Puesto que a veces se vuelve necesario ofender para buscar la verdad, y eso es lo que muchos sectores bienpensantes rechazan. Y es que se ha vuelto una regla general el callar a unos para contentar a otros. Ya que vivimos en un mundo lleno de corrección política y emotivismo irracional. La comunicación y expresión entre seres humanos ha empezado a verse disminuida, se ve ahora más borrosa y menos clara para todos. Ya que las opiniones y decisiones de las personas han dejado de ser motivadas por la razón, para empezar a ser dirigidas por un sentimentalismo ciego y testarudo. Las emociones se han vuelto el juez para decidir que se puede decir y que no lo es.

Y el problema con esto es que va en contradicción con las ideas sobre libertad de pensamiento por las que tanta sangre se ha derramado a lo largo de la historia del mundo. Es incompatible utilizar un razonamiento basado en la emoción y no en la razón para legislar y/o progresar como sociedad, es contradictorio.

Aquél ultra sentimentalismo descerebrado que se ha ido expandiendo en la conciencia colectiva de la población ha llegado a abarcar las esferas políticas y legislativas para conseguir leyes que si bien de buenas intenciones tenían mucho, de pensamiento crítico y objetivo no tuvieron nada. Y estoy hablando de legislaciones sentimentalistas como la famosa ley 045 “contra el racismo y toda forma de discriminación”, una ley que tuvo buenas intenciones, pero como dijo Dante Alighieri: “el camino al infierno está plagado de buenas intenciones”.

¿Tenemos que legislar sobre el pensamiento y opinión de los demás? ¿para que son las leyes? Frédèric Bastiat señalaba que: “La ley no tiene por misión regir nuestras conciencias, nuestras ideas, nuestras voluntades, nuestros dones o nuestros placeres. Su misión consiste en impedir que en estas materias, los actos de unos atropellen los derechos de los otros”. Además señalaba que la ley se ha pervertido para convertirse en una herramienta de sometimiento. Esto es ley politizada. Una ley no puede regir nuestras conciencias, está para otorgarnos nuestros derechos correspondientes como la sagrada libertad de expresión.

Leyes como la ley 045 van en detrimento de nuestro derecho a la libertad de expresión. Puesto que ahora se considera un hereje digno de ser quemado en la hoguera a aquél que dice o piensa algo que esté en contradicción a los dogmas contemporáneos llenos de buenismo.
En los tiempos que corren ya no podemos buscar ni mucho menos decir la verdad ya que puede herir los sentimientos de algunas personas, y por ende, ya no podemos ofender a nadie. Nuestras opiniones siempre van a encontrar a alguien que las considere no sólo invalidas sino también ofensivas y aquello se volvió el crimen del siglo XXI: pensar y decir la verdad.

Ahí es cuando nos damos cuenta que la libertad está muriendo, y que la tiranía está volviendo pero con un maquillaje más “cool”: la corrección política. Y cuando ésta sobrepasa la autocensura para llegar a legislar se vuelve en tiranía, una tiranía con modales y una linda sonrisa. Quizás no falte mucho para instaurar una especie de Policía del Pensamiento, así como en la novela 1984 de George Orwell, donde castigaban y encarcelaban a aquellos cuyo pensamientos disentian con los dogmas que profesaban los burócratas y la sociedad en general.

Ahora yo les cuestiono a los que me leen: ¿Deberíamos instaurar una tiranía bonachona y multicolor que censure las opiniones críticas y el razonamiento lógico para salvaguardar los sentimientos y emociones subjetivas de algunos? Debemos decidir si elegimos el razonamiento objetivo que nos llevará al progreso y a una sociedad mas civilizada o si queremos vivir en el abismo subjetivo y emocional.

 

*La opinión del autor es personal y no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia

Modificado por última vez en Miércoles, 14 Noviembre 2018 07:06