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¿Estamos mejor de lo que estuvimos en el pasado?

¿Estamos mejor de lo que estuvimos en el pasado?

Por: Camilo Quiroga

 

Por donde extendemos nuestra mirada solemos encontrarnos con noticias, imágenes y números preocupantes respecto a la situación en la que nos encontramos como sociedades. ¨Cada año 9 millones de niños mueren antes de cumplir su quinto año, existen más de 25 países donde la expectativa de vida no es mayor a los 55 años, en África Subsahariana una mujer de cada 30 corre el riesgo de morir mientras da a luz y solo en la India hay más de 50 millones de niños que van a la escuela sin saber leer un simple texto. (V.Banerje, A y Duflo, E; 2011,pg.1). ¨ Mensajes de este tipo nos muestran un caótico y un no muy esperanzador panorama. Discutase o no, es innegable que aún nos vemos envueltos en cierto grado en estos y varios otros problemas, en distintos campos y escalas. Pero quizás, parte del problema sea de igual manera la perspectiva con la que se mira todo esto. Sin dejar a un lado lo preocupante de los dificultades actuales, cuando recurrimos a distintos estudios estadísticos (PNUD, 2016; World in Data, 2018) se visibiliza una mirada más positiva y puede afirmarse que estamos mejor de lo que estuvimos en un momento pasado. Vamos avanzado y parte de la solución es tomar consciencia de ello.


Fácilmente tendemos a enfocarnos en que va mal en el mundo, en particulares situaciones que muestran lo negativo. Tal vez esta tendencia se deba en parte a nuestra naturaleza o quizás se deba a que la mayoría de los cambios positivos suelen venir tras un largo proceso que suele ser difícil de seguir; más allá de la causa, está claro que tendemos a relegar los avances que hemos logrado. Más de 1.000 millones de personas salieron de la pobreza extrema en los últimos años, un número mayor de personas tiene acceso a servicios sociales básicos, los índices de escolarización van subiendo a nivel mundial, ha disminuido la pérdida de zonas boscosas (PNUD, 2016) y existen mayores libertades, pese al resurgimiento de tendencias dictatoriales y populistas en la última época. Indudablemente ahora se tiene mayores libertades económicas y sociales a comparación del siglo XIX en el que casi toda la población vivía bajo modelos autocráticos (Our World in Data, 2018). Actualmente más de la mitad de la población vive en Democracias.


Verdaderamente vamos mejorado, existe un desarrollo en distintas dimensiones del bienestar humano. Sin embargo, estos avances encuentran un obstáculo en esas visiones pesimistas que a su vez, se fortalecen a costa de las fragilidades de estos procesos. La desigualdad de oportunidades, las privaciones y exclusiones sociales que aún persisten dan respiro a estas lógicas perniciosas. Estas entelequias ponen en riesgo lo logrado puesto que tienden a ideologizar los problemas antes de encontrar una solución práctica. El miedo y temor a lo incierto de todo futuro son parte de sus estructuras. Son visiones del mundo basadas en la contraposición de fuerzas, que nos hablan de las sociedades como un eterno conflicto de objetivos, sin puntos conciliables. Una postura que busca imponer una verdad absoluta respecto a cómo se entiende la sociedad y que se impulsa en detrimento del individuo, dañando esa confianza que tiene en relación a sí mismo y a las demás personas.



La intención de lo brevemente abordado fue mostrar rápidamente que estamos mejor de lo solemos pensar. Es cierto, aún queden muchos pendientes y siempre lo habrán, pues son procesos de eterna construcción. Está en nuestra naturaleza y en la evolución el continuar mejorando. Ahora somos testigos de grandes revoluciones tecnológicas que han cambiado nuestra forma de actuar en distintos campos, generando que la gente sea cada vez más partícipe de los distintos procesos políticos que determinan su vida. Pero por lo más pronto, todo lo bueno que pueda seguirse haciendo está sujeto a que estos procesos de desarrollo no dejen a nadie atrás. Y es de igual manera fundamental tomarse el tiempo de vez en cuando para recordar todo lo logrado; tomar mayor consciencia de nuestras potencialidades y capacidades como individuos.

 

*La opinión del autor no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia.