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LA CORRUPCIÓN

Por: Sammy Nallar

El hombre por naturaleza es imperfecto, por ende, comete errores o acertaciones de acuerdo a la percepción del mismo. O sea, se podría decir que lo correcto es subjetivo, pero no, varía en qué tipo de contexto cultural se vive para determinarlo o que otros lo hagan. Pero algo que todo tipo de cultura; y más que eso, el individuo, no tolera el hecho de que en el tipo de sociedad en el que vive, las personas se corrompan al punto de afectar a otro individuo o grupo. Es el caso de la corrupción por parte del estado. Entonces, como dije al principio: “El hombre es imperfecto”, por ende, el estado también, ya que es manejado por él. Aun teniendo discrepancia con la existencia del estado en algunos sectores, pienso que la lucha por la libertad se acciona en contexto de nuestra sociedad y en lo que es posible (por así decirlo) llevar a cabo para hacer un cambio.

Mi crítica contra la corrupción se basa en el fallo de la institucionalidad que se puede presentar en el sector público, aunque muchas veces también se da como iniciativa en el sector privado. Un ejemplo entre muchos: algunas empresas de construcción, en las que dan licitaciones directas por parte de la gobernación por medio de “coimas” a funcionarios públicos, dándose así un costo exagerado y de mala calidad. En pocas palabras, se despilfarran el dinero de los contribuyentes, hasta el punto de que gastamos más, de que lo que ingresa, en pocas palabras es endeudamiento. Hay muchas causas por la que el gobierno puede ser corrupto como: influencia entre colegas, tamaño del estado, la silla vacía, etc. Cuando un funcionario de cargo alto, se queda mucho en el poder, se vuelve caudillo y no deja que otras personas se desenvuelvan para poder llegar a un nivel de liderazgo en el que se sientan capaces de que le cedan el poder.

Para llegar a eso se necesita un proceso de consolidación de conducta, organización e ideas, para llevar una buena institucionalidad. Y otro factor muy importante es el tamaño del estado, la libertad económica, o sea, hasta dónde podemos permitir que nos regulen, y ellos al hacerlo, incrementan posibilidad de corrupción, como claro ejemplo libertad económica tenemos a Nueva Zelanda, Suiza, Dinamarca, Finlandia o Noruega, conocidos por su casi nula corrupción. Entonces, podemos decir que: mayor institucionalidad, es menor corrupción, y mayor libertad económica es menor corrupción.

 

*La opinión del autor es personal y no constituye una posición oficial de la Fundación Nueva Democracia.

Modificado por última vez en Jueves, 17 Octubre 2019 06:31